jueves, 8 de noviembre de 2012

la resonancia magnética

"En todos mis padecimientos no había sufrimiento físico, sino una infinita angustia moral. Mi imaginación se volvió macabra. Hablaba de "gusanos, de tumbas, de epitafios". Me perdía en meditaciones sobre la muerte, y la idea del entierro prematuro se apoderaba de mi mente. El espeluznante peligro al cual estaba expuesto me obsesionaba día y noche. Durante el primero, la tortura de la meditación era excesiva; durante la segunda, era suprema, Cuando las tétricas tinieblas se extendían sobre la tierra, entonces, presa de los más horribles pensamientos, temblaba, temblaba como las trémulas plumas de un coche fúnebre. Cuando mi naturaleza ya no aguantaba la vigilia, me sumía en una lucha que al fin me llevaba al sueño, pues me estremecía pensando que, al despertar, podía encontrarme metido en una tumba. Y cuando, por fin, me hundía en el sueño, lo hacía sólo para caer de inmediato en un mundo de fantasmas, sobre el cual flotaba con inmensas y tenebrosas alas negras la única, predominante y sepulcral idea. De las innumerables imágenes melancólicas que me oprimían en sueños elijo para mi relato una visión solitaria. Soñé que había caído en un trance cataléptico de más duración y profundidad que lo normal. De repente una mano helada se posó en mi frente y una voz impaciente, farfullante, susurró en mi oído: '¡Levántate!'"

Edgar Allan y su nombre de telenovela
"El entierro prematuro", 1844

jueves, 1 de noviembre de 2012

rhoda

"se abre la puerta; entra a raudales el terror; terrores y más terrores me persiguen. visitaré a escondidas los tesoros que tengo guardados. hay estanques que reflejan columnas de mármol al otro lado del mundo. la golondrina roza con el ala el agua de negros estanques. pero he aquí que se abre la puerta y entra gente. vienen hacia mí. lanzando al aire vagas sonrisas para disimular crueldad e indiferencia, se apoderan de mí. la golondrina se moja las alas; la luna cabalga sobre mares azules, sola. he de coger la mano de un hombre; debo responderle. pero ¿qué respuesta he de darle? retrocedo en un impulso, para seguir ardiendo en este torpe cuerpo que tan mal me sienta, y recibir las flechas de su indiferencia y su desprecio, yo que anhelo columnas de mármol y estanques del otro extremo del mundo, donde la golondrina roza el agua con su ala."

"si fuera capaz de creer en la posibilidad de envejecer al servicio de una finalidad y al compás de los cambios, me libraría del miedo. pero nada persiste. un momento no conduce a otro. se abre la puerta y el tigre se abalanza. no me habéis visto llegar. he dado un rodeo soslayando las sillas, para evitar el horror a lo que surge de pronto. os tengo miedo a todos. tengo miedo del choque de la sensación que salta sobre mí, porque no puedo tratar con ella, como hacéis vosotros."

"las casas tienen cimientos muy ligeros para que el viento se las lleve con un leve soplo. temerarios corren y rugen en desorden los automóviles, acosándonos hacia la muerte como sabuesos. estoy en un mundo hostil. el rostro humano es repugnante. y eso me complace. quiero publicidad y violencia, quiero ser arrojada como una piedra contra la roca. me gustan las chimeneas de las fábricas, las grúas y los camiones. me gusta el paso de un rostro tras otro y tras otro, deformes, indiferentes. estoy harta de lo bonito; estoy harta de intimidad. navego por aguas revueltas y me hundiré sin que nadie intente salvarme."


adeline stephen, una mujer moderna
"las olas", 1931