domingo, 6 de enero de 2013

operario


alguien podría pretender ser bombero y correr para apagar los incendios de las cosas mínimas. anticiparse a las inmolaciones y lanzar un cubo de agua a lo que eventualmente será desastre. el problema es que hay cuestiones a las que les gusta arder y, de paso, marcar las yemas de los dedos de quien osa tomar un fierro caliente. a veces no se puede con tantas llagas y de tanto andar para echarle tierra a lo que se prende de manera egoísta, sin tomar en cuenta los límites, sean estos inventados o no, el fuego termina demasiado cerca de la cara. no sería problema el hecho de contar con dos o tres pestañas quemadas, sino que al final se encuentra de frentón la imposibilidad de sofocar lo que resplandece con agua salada.

el oficio debería contar con otros métodos. lanzar escupos, por ejemplo.

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